Para el habitante de la ciudad la palabra desierto conjura casi siempre la imagen reproducida en tantas películas y dibujos animados: un mar ondulante de dunas de arena. Desierto es, además, sinónimo de lo vacío, lo abandonado, lo desolado, lo inhabitado. Pero basta una sola caminata por el desierto chihuahuense para darse cuenta de que algunos de los ecosistemas que llamamos desiertos pueden ser tan ricos, variados y sorprendentes como un bosque. En realidad, pese a su nombre, el ecosistema dominante durante siglos en muchas regiones semidesérticas del norte
de México fue el pastizal.

La vista del visitante tarda en acostumbrarse a los monumentales y continuos horizontes de la frontera, a la diversidad de matices del ocre que relucen entre la vegetación seca de principios de primavera y la variedad de plantas y flores que contiene ese paisaje de inmensas llanuras bordeadas de montañas, bañados por una luz inolvidable. El tiempo aquí transcurre de una manera diferente, los recorridos son horas y horas de interminables rectas. Las noches están pintadas de estrellas que parecen que pueden tocarse con la mano. El sol del mediodía convive con vientos que al anochecer te erizan la piel de frío.

Bajo la guía de Valer Clark y José Manuel Pérez Cantú, fundadora y director de Cuenca Los Ojos A.C., uno aprende a distinguir algunos de los diferentes pastonativos de la región, como el navajita (Bouteloua gracilis), banderita (Bouteloua curtipendula), gigante (Leptochloa dubia) y toboso (Hilaria mutica), a apreciar las exuberantes flores blancas de la yuca (Yucca baccata), la flexibilidad del ocotillo (Fouquieria splendens) y la generosidad del sotol (Dasylirion leiophyllum), origen de la bebida homónima, digna rival del mezcal. Creada en 1990, Cuenca Los Ojos es una organi- zación conservacionista que administra tierras a ambos lados de la frontera, en el llamado archipié-
lago Madreano, donde se unen el desierto de Sonora y el desierto de Chihuahua, entre la Sierra Madre Occidental y las montañas Rocallosas. Una de esas propiedades, el rancho San Bernardino, alberga más de 450 especies de abejas, lo cual la convierte en una de las poblaciones más diversas de estos importantes insectos en el mundo. En este lugar pueden verse aún restos de lo que fue una gran ciénaga, un mosaico de estanques y tierra húmeda que servía de refugio a las aves migratorias. Hoy, gracias a los esfuerzos de restauración, poco a poco algunos estanques han vuelto a llenarse. Es sorprendente recorrer caminos polvorientos con pastizales secos para encontrarse de repente con un estanque rodeado de álamos y sicomoros, donde retozan patos tepalcate (Oxyura jamaicensis), con picos tan azules como el agua.

Las aves son las grandes animadoras de los desiertos mexicanos. Tan sólo el desierto chihuahuenses habitado por más de 300 especies. En el recorrido por Cuenca Los Ojos, el técnico de campo del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, Enrique Cisneros Tello, con sus ojos expertos en la observación de aves, identifica
carpinteros (Picoides scalaris), verdugos (Laniusludovicianus), halcones cola roja (Buteo jamaicensisfuertesi), codornices (Cyrtonyx montezumae), lechuzas llaneras (Athene cunicularia) y al famoso correcaminos (Geococcyx californianus). De repente en una colina, a más de 400 metros, algo se mueve entre los escasos árboles y uno alcanza a ver como despidiéndose, las colas blancas de tres venados que desaparecen en el horizonte. En el fondo de uno de los valles, tras la cerca metálica que señala la frontera, tres pequeñas manchas de color café y blanco representan a tres berrendos.
Hay, en alguna parte de estos paisajes, aunque no nos toca verlos, osos negros, pumas, gatos monteses. Es imposible dejar de imaginar las extintas manadas de bisontes. Durante el recorrido por otro rancho de la organización, el Valle de las Ánimas, José Manuel da una introducción a los principios de la ganadería holística. A primera vista podría parecer contradictorio que una organización conservacionista esté experimentando con la cría de ganado. Para muchos ambientalistas el ganado es uno de los principales culpables de la deforestación de las selvas, el agotamiento de los suelos y el aumento de gases invernadero en la atmósfera. Y es verdad, el mal uso del ganado, la ganadería industrial y la ganadería extensiva tradicional han sido y son nocivas

para el medio ambiente, pero también parece ser verdad que otro tipo de ganadería es posible, y que puede ayudarnos a recuperar ecosistemas vitales para el planeta, como explica el fundador de este método, el sudafricano Allan Savory, en un vídeo TED que ya acumula más de tres millones de visitas.

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